“Así dice Yahvé: Yo soy el primero y el último; fuera de mí no existe ningún dios” (Isaías 44:6)

1.

Si bien Enki se presentaba a la humanidad como tutor y maestro, Enlil en cambio, odiaba a estos humanos inicialmente llamados “Lulu” (esclavos primitivos relegados a las minas africanas para extraer oro) pues temía que algún día, con el conocimiento adquirido de ciertos Dioses, llegaran a superarles en número y pudiesen rebelarse contra ellos.

Sitchin decía que, mientras que Enki gobernaba toda la región africana, liderando las minas del “Abzu” (“La Fuente Primordial”), ubicado cerca de Zimbawe, Enlil gobernaba todas las ciudades de la Mesopotamia meridional, para más tarde hacerse con el control absoluto del Sinaí y las regiones de Oriente Medio.

Sin embargo, nuevamente Sitchin traduce el término “Abzu” a su manera. Para lingüistas como el Ucraniano Samuel Noah Kramer, el “Abzu” no significa “La Fuente primordial” sino “Aguas Lejanas” o “El Abismo de las Aguas”. Una definición que no hace falta ser lingüista para darse cuenta que encaja con el título de EA, anterior nombre de Enki, y que significa “Señor del Agua o las Aguas”.

Con lo cual, “Abzu” no podía hacer ninguna alusión a una “Fuente Primordial” de oro en las minas africanas como señalaba Sitchin, sino que se refiere a una región acuosa, quizás el mar, la cual gobernaba Enki, “el señor del Abzu”. Algunos han interpretado “Abzu” no como un tipo de lugar acuoso, sino un mundo paralelo, ubicado en otra dimensión al cual solo Enki tenía acceso. En realidad nadie sabe qué es exactamente el “Abzu”, pero si que guarda relación con una región acuosa, o pantanosa. De hecho, en los textos encontramos el término “E-Abzu”, que era el templo de Enki en su ciudad de Eridú. “E-Abzu” se traduce como “Casa de las Aguas Cósmicas”, y designaría que ese templo se ubicaba al borde de un pantano o lago.

En los textos sumerios, se relata como Enlil quería prevalecer como un “Dios todopoderoso”, por encima de Enki y su hijo Marduk.

Enlil adoptó diferentes nombres en función de las culturas que fue gobernando. En Canaán, Siria y Palestina le veneraban como “El” (“El Dios”) y fue justamente el primero en autoproclamarse en sentido monoteísta de “Dios absoluto”. Con esta misma premisa se presentó Enlil como “El Elyon” o “El Shaddai”, (Atributos concernientes a su poder de soberanía) a los patriarcas hebreos Abraham, Isaac y Jacob. Cambiando luego el nombre por YHWH, “Yahvé”, el Dios creador del Universo, cuando se presentó a Moíses.

2.

De hecho, en la mitología sumeria, Enlil estaba asociado al signo zodiacal de Tauro, y precisamente cuando pasó a ser “EL”, como Dios semítico, era representado como un Toro.

A la tribu de los Levitas los llamaban “Hijos de la gran Serpiente”, y su dios Yahvé era representado como un ser mitad humano mitad serpiente, su libro “La Cábala”, significa “Sabiduría de Serpiente”.

Esta tribu también concebía a su Dios como un Dragón llamado “LEVIATÁN”, de ahí deriva el nombre de LEVITA. Yahvé era también conocido como el “Nehushtan”.

 

Lo que tramó Enlil como Yahvé, tomando a Israel como “el pueblo elegido”, fue urdido desde el principio como un plan de manipulación de creencias, estableciendo una religión basada en unas leyes inamovibles para los judíos, pero que él manipulaba favoreciendo la provocación con los egipcios, los babilónicos, o los persas, lo que se traducía siempre en un derramamiento de sangre constante.

Y esa fue la finalidad del “pueblo elegido”. Enlil hizo de Israel un pueblo “generador-emisor” de dolor; una fuente de sustento energético.

Yahvé fue un Dios cruel que exigía sacrificios en masa, primero de animales, luego, bajo la excusa del castigo, de seres humanos;

“Yahvé envió una epidemia a Israel, desde aquella mañana hasta el tiempo señalado, y murieron 70.000 hombres del pueblo, desde Dan hasta Beerseba.” (2-Samuel 24:11-15)

En Éxodo 32,26-28, Yahvé le ordena a Moises; “Ponga cada cual la espada a su lado; pasad y traspasad por medio del campamento desde una puerta a otra puerta, y cada uno mate aunque sea al hermano, y al amigo y al vecino.”

En un solo día 23.000 personas fueron pasadas a espada…

Cuando Yahvé ayudó a los judíos a escapar de Egipto, los amalecitas se interpusieron en su camino. Pasados unos siglos, Yahvé no solo no había olvidado aquel incidente, sino que hizo exterminar así a sus habitantes;

“He decidido castigar lo que hizo Amalec a Israel, cortándole el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, Saúl, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene. ¡Y no te apiades de él, mata a hombres, mujeres, niños y aún los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos!. Y Saúl derrotó a los amalecitas y tomó vivo a Agag, el rey de Amalec, pero mató a todo el pueblo a filo de espada.”

3.

Su maldad se hacía especialmente extensible hacia las mujeres. En Deuteronomio 22:13-21, leemos; “Si un hombre descubre en su noche de bodas, que su mujer no es virgen, debe apedrearla hasta la muerte.”

Consejos muy “didácticos” que cristalizaron en leyes que sentenciaban a muerte casi por cometer cualquier tontería.

Destaca la “gran sensibilidad” que mostraba Yahvé en conceptos educativos; “Si alguien tiene un hijo rebelde que no obedece ni escucha cuando lo corrigen, lo sacarán de la ciudad y todo el pueblo lo apedreará hasta que muera”.(Deuteronomio 21:18-21)

Yahvé era también conocido por sus ardientes celosías, no admitía “traiciones”;”Los que adoren a otros Dioses, o al Sol, la Luna o todo su ejército del cielo, morirán lapidados”. (Deuteronomio 17: 2-5)

También mostraba signos de un desprecio absoluto hacia los deformes o disminuidos, aquí leemos una auténtica apología de la discriminación;

Ningún varón que tenga un defecto presentará las ofrendas, ya sea ciego o cojo, desfigurado o desproporcionado, enano o bisojo, sarnoso o tiñoso, o jorobado, o con un pie o una mano quebrados, o con los testículos aplastados”. (Levítico 21:18)

No sólo promovía la esclavitud, sino que la establecía como un derecho legítimo; “Si un esclavo está contento contigo, tomarás un punzón y le horadarás la oreja y te servirá para siempre. Y lo mismo le harás a tu esclava.” (Deuteronomio 15:16-18)

4.

Tampoco se quedaba corto en la administración de leyes, eso sí, bastante lejos de ser justas; “Si un hombre hiere a su esclavo o a su esclava y los mata, será reo de crimen. Pero si sobreviven uno o dos días no se le culpará porque le pertenecían.” (Éxodo 21:20)

En este pasaje de Números 15:32-40, vemos qué era lo que Yahvé entendía por justicia;

“Estando los hijos de Israel en el desierto, hallaron a un hombre que recogía leña en día de reposo. Y los que le hallaron recogiendo leña, lo trajeron a Moisés y a Aarón, y a toda la congregación; y lo pusieron en la cárcel, porque no estaba declarado qué se le había de hacer. 
Y Jehová dijo a Moisés: Irremisiblemente muera aquel hombre; apedréelo toda la congregación fuera del campamento. Entonces lo sacó la congregación fuera del campamento, y lo apedrearon, y murió, como Jehová mandó a Moisés.”

Yahvé sentenciaba a muerte casi por estornudar, he aquí unos ejemplos;

Si la hija de un sacerdote se prostituye, será quemada viva”. (Levítico 21:9)

El que pegue a su padre o a su madre, morirá.” (Éxodo 21:15)

Si alguno yace con la mujer de su padre, morirán los dos.” (Levítico 20:11)

Si un hombre yace con su nuera, los dos morirán”. (Levítico 20:12)

5.

Su sed de muerte siquiera parecía saciarse con los niños. En 2º Reyes 2:23-24, leemos como el profeta Eliseo se topa con unos niños de los que recibe burlas. El castigo del señor no tardó en llegar; “Después subió de allí a Bet-el; y subiendo por el camino, salieron unos muchachos de la ciudad, y se burlaban de él, diciendo: ¡Calvo, sube! ¡Calvo, sube! Y mirando él atrás, los vio, y los maldijo en el nombre de Jehová. Y salieron dos osos del monte, y despedazaron de ellos a cuarenta y dos muchachos.”

Encomiable y enternecedor ejemplo de la piadosa y justa actitud de este personaje considerado el Dios del Universo y creador de todas las cosas. Unos niños se burlan del profeta y envía unos osos para descuartizar a 42 criaturas. Algo más propio del humor negro de un psicópata.

El experto en biblia, David Cangá, en su libro “La Conspiración del Angel Gabriel”, hace la siguiente reflexión;

Esta entidad (Yahvé) es adorada actualmente por los 14 millones de judíos, los 2.200 millones de cristianos, y también por los 1.800 millones de musulmanes, ya que el dios del Islam, el dios mencionado en el Corán, aunque es llamado Allah, es para los musulmanes, el mismo dios de las escrituras hebreas y los evangelios. Esto nos da como resultado que de los actuales 7.000 millones de habitantes del planeta Tierra, 4.014 millones, (casi el 60%) adore a un dios bárbaro, que se jactaba de ser celoso y vengativo, que pedía que se le presenten extrañas ofrendas rituales consistentes en animales descuartizados puestos al fuego, que ordenaba robos, que ordenaba quemar mujeres vivas, que asesinaba sin compasión a niños de pecho por faltas cometidas por los padres de estos, que mentía cínica y descaradamente, en fin, un “dios” que era y es el mal en sí mismo. Esto es algo que me desconcierta desde hace varios años, lo confieso.

Este fenómeno me resulta intrigante, porque pareciera que ese casi 60% de la población mundial que lo adora, está sometida a una especie de hipnosis o bloqueo mental, que les impide abandonar el culto claramente irracional a este siniestro ser. Y es que las personas que adoran a este dios, están conscientes de toda la faceta maléfica que lo envuelve, pero, por algún extraño motivo, el mal de este dios, no es cuestionado por ellos.”

6.

En muchos pasajes bíblicos se describe como es el vehículo aéreo en el que viaja Yahvé; “durante el día es una nube, y por la noche aparece como una columna de fuego”. En ocasiones, se relata que Yahvé dispone de “ángeles” que le ayudan en sus continuas fechorías;

Yo soy Rafael uno de los siete ángeles que están al servicio de Dios y que pueden entrar ante su presencia gloriosa”. (Tobías 12:15)

Estos “ángeles” son los subordinados de quién se supone está al mando, y ejecutan sus órdenes, por crueles que sean, por ejemplo, cuando el asedio de los asirios contra los judíos pone en peligro sus planes; “Aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Yahvé e hirió a 185.000 en el campamento de los asirios. Se levantaron por la mañana, y he aquí que todos ellos eran cadáveres.”

¿Una masacre de 185.000 hombres en una noche? ¿Qué clase de armamento utilizaron para semejante barbarie?

La respuesta la obtenemos en 2-macabeos 29:33:

“En lo más recio de la batalla, los enemigos vieron en el cielo a cinco hombres majestuosos, montados en caballos con frenos de oro, que, poniéndose a la cabeza de los judíos, se colocaron alrededor de Macabeo, y lo protegían con sus armas y lo defendían para que nadie lo hiriera. También lanzaban flechas y rayos sobre los enemigos, que, ciegos y aturdidos se dispersaron en gran desorden.”

Los textos describen “ejércitos de escuadrones en el cielo”, y armas que disparan rayos y producen ceguera, por lo que se puede deducir que se refiere a modernas armas de plasma, que causan un destello cegador.

7.

La misma crueldad que Yahvé, manifestaba el Dios sumerio Enlil hacia los hombres, cuando decidió exterminarles con un diluvio universal; “Destruiré al habitante de la tierra que he creado y lo echaré de la faz de la tierra”.

Porque Enlil y Yahvé eran la misma entidad sanguinaria y vengativa, expresándose en dos culturas diferentes.

La razón de porque tanto yo como David Cangá coincidimos en considerar que Yahvé era Enlil se debe a una premisa muy sencilla; el comportamiento y personalidad cruel y sanguinaria del Enlil sumerio sigue el mismo patrón del Yahvé bíblico, ambos se expresan con el mismo egocentrismo, las mismas pautas de odio, venganza y recelo hacia el hombre, las mismas estrategias para generar guerras y matanzas entre ellos, los mismos engaños, las mismas falsas promesas, las mismas exigencias de adoración, los mismos rituales de sacrificios animales, la misma motivación para fundar religiones y dogmas para controlar a la población, la misma manipulación para dividir pueblos, y sobretodo… lo más importante; El Enlil sumerio era el máximo soberano en la tierra, que contaba entre sus filas, a los mejores ejércitos, y la más avanzada logística a su disposición para fabular el teatro y el engaño que confiere revestirse con el traje de la divinidad. La misma firma de soberanía y mandato supremo mostraba Yahvé.

Los Dioses, supeditados por Enlil, instauraron culturas y pueblos para hacerlos enfrentar entre sí, como piezas en un tablero de ajedrez. Todo esto sin otra finalidad que la obtención del dolor, entendido como vibración energética susceptible de ser absorbida.

Es precisamente a través de la creación de un linaje real, como los Dioses establecieron una monarquía que impusiera sus decretos, eligiendo a unos pocos humanos con los que se mezclaron sexualmente, esparciendo su línea sanguínea.