Qué es y cómo alcanzar la conciencia suprema.

iluminación espiritual

Bajo la filosofía reencarnacionista la iluminación supone el final del trayecto evolutivo en la tierra, pero el concepto y naturaleza de la misma va más allá de toda consideración religiosa, filosófica o cultural, puesto que ha sido tratada de igual forma por místicos y maestros espirituales de todas las culturas, desde Islámicos, Judaístas, Chamanes, Budistas, Taoístas, etc…
No importa la raza, la cultura, la ideología, u otros condicionantes genéticos, sociales o morales que para nada afectan a nuestro ser interno, la realidad de la iluminación está al alcance de la mano de cualquier ser humano, al parecer todos llevamos la semilla de un despertar de conciencia que nos integre con la fuerza universal del cosmos.

Según los místicos, el hombre está programado para alcanzar el también llamado estado Nirvana o Buda a través de la activación de los siete centros de poder o Chakras, por donde se canalizan e intercambian las energías de los cuatro cuerpos inmateriales de que disponemos; el Cuerpo etérico, que es un doble o complemento del físico, el Cuerpo emocional, que es transmisor de sentimientos, el Cuerpo mental, nuestra fuente de datos racionales, y el
Cuerpo espiritual, que es nuestra parte inmortal y el núcleo principal de nuestro ser consciente. Armonizando entre sí las frecuencias vibratorias de dichos cuerpos, iniciarían un recorrido de activación de energía empezando por el Chakra basal, ubicado entre el ano y los genitales, y que distribuye energía cósmica al cuerpo físico, el segundo; el Chakra Sacro, ubicado justo encima de los genitales, es el centro de las emociones, y de las energías creativas y sexuales, el tercer Chakra se halla en el plexo solar y es el núcleo de nuestra personalidad y de nuestras fuerzas impulsoras, el cuarto Chakra se ubica en el corazón y alberga nuestra capacidad amatoria, el Quinto Chakra se sitúa en la garganta y rige nuestra expresión creativa y comunicativa, el Sexto es el Chakra frontal o tercer ojo situado en nuestra frente y cumple las funciones de percepción intuitiva y de conocimientos superiores, el Séptimo y último es el Chakra coronal situado en el centro de la coronilla, dónde culmina toda la red energética del resto de nadis y dónde se condensa la perfección del ser divino que permite la conexión universal con el TODO.

Antiguos textos tibetanos aseguran que el cuerpo humano consta de 350.000 Chakras “secundarios” que conforman una red de finos canales energéticos entrelazados con los siete principales a modo de miles de venas que fluyen las fuerzas cósmicas. Los Chakras, son remolinos ondulantes de unos 10 cm de extensión que absorven las ondas de todo cuanto emita una radiación energética específica, sea positiva o perniciosa. La labor del buscador de la iluminación consiste en desbloquear los canales saturados que impiden el libre fluir de la omnipotente energía Kundalini, ubicada cerca del hueso coxal, dónde empieza el primer Chakra. En ese punto, la Kundalini se halla latente, depositada en posición enroscada como una serpiente, en espera de ser activada y ascendida por otros tres sub-canales; Sushumna, Ida y Pingala, que la conducirán de la raíz del extremo inferior de la columna vertebral en escalera ascendente, despertando y expandiendo hacia el infinito cada plano de conciencia de cada Chakra hasta llegar a la base coronal de la cabeza, diana final donde queda depositada la energía fluyente pura y liberadora que conduce a la iluminación. La Kundalini o también llamada por la sabiduría india Shakti, se la conoce como la energía cósmica de la creación que alimenta a cada Chakra y a su esfera de acción de un desarrollo de facultades y poderes que adquieren su máxima expresión al llegar al nadis coronal. Son innumerables las técnicas y ejercicios de meditación o Yoga para activar los Chakras y la Kundalini, como los que propone el Doctor Israel Rigardie, autor del libro “Doce pasos a la Iluminación”, donde presenta numerosas técnicas físicas y mentales para la concienciación de la unidad con nuestro Dios interno a través del recitar de Mantrams que potencien la interiorización y la captación de nuestro ser interno, la práctica de invocaciones a las fuerzas cósmicas, así como rituales mágicos,etc…

Otros apuestan por el despertar de los Chakras a través de la Gemoterapia con cristales y piedras magnetizados colocados en cada punto a tratar, la Aromaterapia; una estimulación por vía olfativa, la terapia por el sonido, que abarca la música y los Mantrams, la Cromoterapia; activación por los colores, o la práctica del Yoga y sus modalidades, etc…Técnicas que chocan frontalmente
con la sencillez de muchos sabios místicos que insisten en lo ridículo que resultar el forzar o buscar un estado omnipotente que la historia se ha encargado en demostrar que llega por si sólo y en el momento más inesperado.

induLa llegada de la iluminación es imprevisible, no responde a ningún proceso, mecanismo, ni formas para alcanzarla, mesurarla, o describirla… Quienes la han experimentado son incapaces de expresarla bajo un lenguaje lógico que encaje con nuestros patrones conceptuales, ya que por lo visto es un estado de conciencia que abarca la globalidad de sintonización con todo lo existente
de manera que uno acaba sintiéndose formar parte indivisible de una unidad integradora, una especie de fusión con la existencia misma del universo y sus leyes.
Una de las características básicas para el alcance del estado supremo es la renuncia a la necesidad material, la anulación absoluta del ego y el desprendimiento de los apegos y deseos. Como hizo el príncipe Buda, que abandonó todo apego carnal renunciando al paraíso material para alcanzar el paraíso del SER.

Describir la iluminación resulta complejo, pero curiosamente todas las antiguas tradiciones coinciden en definir su naturaleza de vacuidad y anulación del ego, núcleo de los deseos y limitaciones que “filtran” la realidad y no dejan que la contemplamos tal cual es verdaderamente. El cristianismo medieval nos dice que; ” Si tú no te desembarazas de tu YO, entonces cualquier otra cosa
que apartes de ti seguirá encontrando obstáculos e inquietud. Niégate a ti mismo y todo lo demás quedará negado. Si un hombre se purifica a si mismo, Dios vendrá a él; porque al no poseer voluntad propia, entonces Dios demandará para él lo que Dios demanda para sí mismo…”

El Judaísmo enfoca lo mismo; “Debes incluirte a ti mismo en la unidad de Dios, para ello debes anularte a ti mismo. Medita una y otra vez anulando tus impulsos y deseos, y si persiste alguna traza de ego, anúlalo hasta que no quede nada. Y si tú eres merecedor de tal anulación, entonces tu alma será incluida en su raíz y origen, que es Dios, la existencia necesaria.” La doctrina más arraigada del Islamismo, el Sufismo, invita a que; “Dios te haga morir a ti mismo y te haga vivir en él…” Todas las culturas insisten en que la meta final es el concepto de unidad con la creación, es entonces cuando se vienen abajo los espejismos de nuestro ego, centrado en lo que sus sentidos físicos le aportan y que enturbian la percepción de la realidad inconmensurable. Llegar a tal estado con un esfuerzo es una total contradicción, un estado de SER no se busca, porque es algo que no se pierde, son nuestras distracciones quienes nos ciegan a ver su permanencia en nosotros, y sólo con un desapego absoluto a conceptos de estar, tener o buscar, en una inmovilidad interior de no-acción se accede a lo que ya somos en esencia, sin pasado ni futuro, sino en un presente continuo y eterno.
Para muchos, la dificultad en el acceso a la iluminación radica precisamente en su sencillez, es algo tan fácil, que para la inquietud de búsqueda humana resulta casi imposible de lograr, pues limitamos lo ilimitable y ponemos barreras a un universo infinito que habita en nuestra propia conciencia. Hacemos difícil un sendero fácil que está más cerca de nosotros que nuestra
propia piel.

El Taoísmo nos ilustra un concepto demasiado fácil para ser asimilado tal cual es; “Puesto que el Tao es el todo y no hay nada fuera de él, puesto que su multiplicidad y unidad son idénticas, cuando un ser finito se desprende de la ilusión de una existencia separada, no se pierde en el Tao. Al arrojar sus límites imaginarios, se vuelve inmensurable. Sumerge el finito en el infinito y,
aunque sólo permanezca el finito, lejos de quedar disminuido, asume la estatura del infinito. La mente del que vuelve a la fuente, se convierte, con ello, en la fuente. Tu propia mente está destinada a convertirse en el mismo universo.”
Conocerse a uno mismo, es conocerlo todo, porque TODO es uno, y la iluminación es un estado en que ya no se piensa, ni se busca, porque eres el todo que se autoabastece por lo que es; luz, sabiduría y felicidad.

Un antiguo mito cuenta que mientras un maestro medita junto a sus dos discípulos, uno de ellos le pregunta; “¿Cuántas vidas me faltan para alcanzar la iluminación?”, el maestro le responde que 10 vidas… Y el muchacho se aleja del lugar llorando con desesperación, presa de la decepción…

Luego el segundo discípulo le pregunta lo mismo al maestro; “¿Y a mí, cuantas me faltan para llegar a la iluminación?”, “Trescientas vidas…”, responde, y el muchacho tolera con agrado y paciencia la sentencia, tras lo cual, en ese mismo instante alcanza la iluminación…
DAVID PARCERISA. Ufólogo, Astrólogo e Investigador.