DIOSES SERPIENTE EN TODAS LAS CULTURAS

Como investigador especializado en la cultura sumeria y su interacción con los Dioses Anunnaki, a menudo la gente me pregunta una y otra; “¿Por qué estas tan seguro de que los Anunnaki eran reptilianos?”
La respuesta es muy simple; la misma simbología de la serpiente que representa a los Dioses sumerios está implícita es la práctica totalidad del resto de culturas del planeta. Y todas hablan de lo mismo, una y otra vez. Los Dioses reptil llegaron de las estrellas, crearon al hombre y lo sometieron a sus decretos. Y en casi todos los casos, describen a estos seres como de gran estatura, ojos grandes y rasgados que emiten una luminosidad inquietante, cabezas alargadas (dolicocéfalas, con variaciones en algunos casos), con la capacidad de mutar su aspecto a voluntad (metamórficos) y casi siempre asociados a ciertos rituales de sangre como si obedecieran a una verdadera necesidad de obtener “algo” a través del dolor y la muerte, que en muchas ocasiones raya la psicopatía y la crueldad extrema.
Otro paralelismo en todas las leyendas, extendido desde la protohistoria hasta el corazón de las culturas más recientes, es el relato de unos Dioses crueles que gozan con la explotación del humano en contraposición con otros seres que se resisten a seguir con dicha esclavitud, y se dividen en dos facciones enfrentadas. Una especie de pugna que se traduce en dos formas opuestas de concebir al humano. Mientras unas quieren usarlo como ganado para servirse de sus recursos, otras desean liberarlo y ascenderlo a un nivel de autosuficiencia moral y espiritual.

En Babilonia, los Anunnaki eran denominados “SIR”, que significa “Dragón” o “Gran serpiente”. De hecho, el símbolo del dragón y la serpiente aparece reflejado en casi todas las culturas antiguas, y en la sumeria, la serpiente del caduceo representaba al Dios Enki. Más adelante, dicho símbolo sería heredado por su hijo Ningishzidda.
Si tenemos que destacar a un Dios-Serpiente por excelencia en la historia humana, es Quetzalcóatl; una deidad mesoamericana, venerada por los Olmecas, Toltecas y posteriormente por los Aztecas. Pero también la cultura Maya lo veneraba bajo el nombre de Kukulcán. En cualquier caso, la iconografía de este Dios representaba la fertilidad, el conocimiento, y la vida. El término Quetzalcóatl es la unión de dos palabras de origen Nahuatl;
Quetzal (“Ave de hermoso plumaje”) y Coatl (“Serpiente”).

Detrás de la mitología de este curioso personaje, observamos la benevolencia de un Dios que se rebela contra los otros Dioses por el humillante trato al que someten a los humanos. Algo que nos recuerda al Dios Sumerio Enki, supuesto creador genético del ser humano, que acaba por librar una guerra contra su hermano Enlil, para evitar que los humanos sean tratados como esclavos. O el Dios griego Prometeo, quién roba el fuego del conocimiento a los Dioses para ofrecerlo al hombre.
No faltan quienes creen ver en Quetzacoatl o Prometeo al mismo Enki adoptando su rol.
Según la leyenda, Quetzalcóatl sintió compasión por los hombres al ver cómo eran engañados y esclavizados por otras deidades. En un intento por liberarles de dicha explotación, decidió tomar forma humana (una vez más, el arquetipo del reptil capaz de adoptar cualquier forma) y desciende a la tierra para instaurar un nuevo orden social, cultural y evolutivo.
Y el primer lugar al que llega es en Tollan, estado de Hidalgo, México. Nada más llegar, contempla el momento en que un hombre está a punto de ser sacrificado en honor de su hermano rival, el Dios Tezcatlipoca (Abajo su representación).

Quetzalcóatl detiene la ejecución y prohíbe que mientras él habite esas tierras, jamás se rendirán sacrificios a nombre de ningún Dios. A partir de ese momento, el Dios benévolo hace de Tollan una tierra fértil, les enseña a cultivar maíz, a trabajar en la forja de metales, y les da el conocimiento astronómico.QUEZACOALT
Este dios les enseña a vivir con humildad y sin ostentaciones materiales, basándose en una enseñanza de crecimiento espiritual. Pero un concepto de espiritualidad bastante peculiar…
La doctrina Quetzalcoatliana profesaba que el sacrificio de los Dioses hacía mover el universo, y el sacrificio de sangre humana perpetuaba la continuidad de la vida.
Tras la abolición de los ritos de sacrificios humanos, Quetzalcóatl instaura una forma de “penitencia” en su lugar, no mortal pero igualmente dolorosa, que consistía en auto-infringirse uno mismo, múltiples laceraciones en el cuerpo con espinas de maguey; una planta originaria de México también conocido como Agave Americana, de hojas verde-grisáceas que llegan a medir hasta 2 metros de largo, coronada por una afilada espina de hasta 5 cm. de largo. Hoy día diversos chamanes y curanderos mexicanos siguen aplicando por tradición dichas espinas de maguey como terapia de acupuntura y sanación.
Y es en este punto en donde observamos cómo esta entidad, aún siendo “benévola” y respetuosa con la vida, y el bienestar del ser humano, sigue resistiéndose a ciertas prácticas que implican sangre y padecimiento.
Lo que Quetzalcóatl impuso como ritual de sacrifico o redención en los humanos guarda una estrecha similitud con el movimiento flagelante cristiano del siglo XIII, o los musulmanes seguidores del Chiismo. Estas prácticas consistían en golpearse generalmente la espalda, con látigos o varas hasta desgarrar la piel y provocar el sangrado.

Estas formas de auto-tortura aparecen reflejadas en ritos arraigados y extendidos por todo el mundo. Hasta en las más remotas tribus o aldeas africanas encontramos la estela de estos rituales sangrientos, vinculados a menudo a mutilaciones o perforaciones de labios y nariz con objetos punzantes, siendo los faquires de la India los más conocidos. El origen de estas prácticas nunca parece obedecer a un deseo humano, sino que todas las culturas hablan de un decreto impuesto por los Dioses.
Parece que “alguien” está muy interesado en instalar en la mente colectiva de la humanidad, un instinto de sumisión a través del resorte del dolor.
Otro ejemplo ilustrativo sobre la presencia de estos Dioses reptilianos lo encontramos en el sudeste de África. El anciano líder Zulu Credo Mutwa contó al investigador David Icke como sus antepasados habían sido sometidos miles de años atrás, por una raza de reptiles llamados “Los Chitauri”, cuyo significado es “Aquellos que Dictan la Ley”.

Representación de un reptiliano, por el artista Sergio Barrasa.

Existen más de 500 remotas tribus africanas, sin contacto entre sí, y que coinciden en la descripción de estos terribles Dioses lagarto; seres de afilados ojos brillantes, con grandes colas, más de 3 metros de estatura, y algunos con hasta 6 garras y un pulgar. Son criaturas de sangre fría, que sólo sobreviven en regiones cálidas, ya que son incapaces de sobrevivir bajo climas gélidos y a menudo circulan leyendas de que se refugian bajo grandes metrópolis subterráneas, en donde ejércitos de humanos esclavizados alimentan grandes fogatas como un horno que les genera el calor que necesitan.
Según el Zulú Mutwa, el hombre convivía en la tierra en armonía con sus ciclos, en pleno uso de grandes facultades que les permitían comunicarse a través de la telepatía. Pero tras la llegada de estos seres, anularon sus facultades psíquicas y reinó el caos;CHITAURI
“Cuando los Chitauri llegaron a la Tierra, llegaron en naves horribles que volaban por el aire, naves en forma de grandes tazas que hacían un terrible ruido y un terrible fuego en el cielo. Y los Chitauri le dijeron a los seres humanos, quienes fueron reunidos a la fuerza con látigos y rayos, que ellos eran los grandes dioses del cielo y que de ahora en adelante recibirían grandes regalos de los dioses. Estos supuestos dioses eran como seres humanos, pero bien altos, con una cola larga, y con terribles ojos ardientes, algunos tenían dos ojos amarillos y brillantes, otros tenían tres ojos, un ojo rojo redondo estaba en el centro de la frente. Estas criaturas le quitaron a los seres humanos los poderes que tenían; el poder de hablar a través de la mente, el poder de mover objetos con la mente, el poder de ver el futuro y el pasado, y el poder de viajar, espiritualmente, a diferentes mundos (dimensiones). Todos estos grandes poderes los Chitauri quitaron a los seres humanos, y les dieron un nuevo poder, el poder del habla.
Pero los seres humanos descubrieron, con horror, que el poder del habla los dividía, porque los Chitauri astutamente crearon diferente idiomas, y ellos causaron una gran disputa entre la gente.“
Eso es exactamente lo que cuentan los textos sumerio-babilónicos, así como los hebreos cuando relatan el episodio de la caída de la “Torre de Babel”, que según algunos expertos, fue en realidad una plataforma de lanzamiento espacial y un intento por parte del Dios Marduk para elevar al hombre antiguo a la Era espacial. El Dios Enlil destruyó la torre para evitar ese avance de conocimiento, para luego dividir las lenguas y hacer que el hombre se sumiera en la confusión. “El Poder del habla” se diseñó para anular un poder mayor; la telepatía.
Un poder que los Dioses dominaban a la perfección, pero que no les interesaba que el hombre hiciera uso del mismo. El origen de las lenguas no es patrimonio cultural de la humanidad, sino un descarado y perverso intento por dividir las ideas y el progreso del ser humano en el desarrollo de sus civilizaciones. ¿Alguien puede creer que existan 6.800 idiomas (por escrito 2.200) en todo el mundo sin que eso obedezca a algo más que una multipluralidad étnica, racial, y cultural?
Credo Mutwa describe así la nueva estructura social que establecen estos Dioses en su llegada;
“Los Chitauri les dieron extraños sentimientos a los seres humanos. Estos comenzaron a sentirse inseguros, y empezaron a construir aldeas con fuertes cercas de madera. Los seres humanos empezaron a crear países. En otras palabras, comenzaron a crear tribus y terrenos, que tenían fronteras, que ellos defendían contra cualquier posible enemigo. Los seres humanos se volvieron ambiciosos y codiciosos, querían adquirir riquezas en forma de ganado y conchas de mar.”
Credo Mutwa nos dice claramente que estos seres sembraron en nosotros la semilla del odio, la separación y la ambición. Pero su testimonio no es un hecho aislado, todo lo contrario, cobra muchísima fuerza y significado cuando lo comparamos con culturas como la sumeria. En el año 1760 A.C, el rey de babilonia Hammurabi aceptó inscribir el primer sistema jurídico que se implementaría en la tierra de la mano de los Dioses.
Si hasta aquel momento, los que administraban la justicia y decretaban las leyes eran los sumos sacerdotes (siempre por orden divina), el Rey Hammurabi fue el elegido para recibir y regentar las leyes inamovibles que le cedió Shamash, un Anunnaki conocido como “Dios del Sol y la Justicia”.
Aquellas leyes eran conocidas como “El Código del Hammurabi”, y fueron escritas en acadio y talladas en un bloque de basalto de 2,50 m. de altura que situaron en el templo de Sippar.
Parte superior de la estela, que muestra un bajorrelieve del Rey Hammurabi frente al Dios Shamash. Abajo, escrito en acadio cuneiforme, las leyes que debían cumplirse y cuyo concepto jurídico sigue vigente hasta hoy en sus bases principales.

“El Código del Hammurabi” dictaba la administración de la justicia a través de tribunales penales, incluyendo derechos del trabajador, lista de salarios laborales, jerarquización de la sociedad, los derechos del matrimonio, y los derechos de los esclavos. Las penas y castigos por delitos, homicidios o robos se aplicaban en base a la “Ley del Talión”.
Esto básicamente se podría resumir como que las leyes no han sido dictadas por el hombre, sino por los Dioses y para su propio beneficio.
Tal y como apunta Credo Mutwa; “La mejor forma de proteger algo malvado, es negando su existencia. Si la gente escucha alguien decir que los Chitauri existen, la gente dirá: “Eso no existe, es basura”. Y esta es la forma en que este mal, se ha protegido…”

Más referencias alusivas a estos reptilianos, lo encontramos en la tribu de los Hopi, originarios del norte y Centroamérica. Ellos hablan de que hace unos 5000 años llegaron de las estrellas los “Hermanos Serpiente”, también llamados “Bakti”, que surcaban los cielos a bordo de “escudos volantes” o “pájaros tronantes”. Los Hopi los llamaban “Katchinas”, cuyo significado es “Sabios, Ilustres y respetados”. Estos seres eran capaces de cortar y transportar enormes bloques de piedra, con los que crearon grandes ciudades subterráneas bajo la colina de Fort Moore, en Los Ángeles. Según la leyenda, permanecieron mucho tiempo bajo tierra, supuestamente para protegerse de una lluvia de meteoritos. Cuando salieron al exterior, por una cueva que los Hopi llamaban “Sipapuni”, empezaron a dictar leyes para el hombre, según la tribu: “Llegaron para confundir las lenguas, y dividirnos en diferentes tribus”. Una vez más, la historia parece repetirse al milímetro.
En 1933, un ingeniero de minas llamado Warren Shufelt, se interesó por estas leyendas de los Hopi, y siguiendo sus indicaciones, decidió investigar por su cuenta, qué podría haber de cierto acerca de esa metrópolis subterránea bajo el suelo de Los Ángeles.
Shufelt hizo descender una sonda a 76 metros de profundidad, y efectivamente descubrió una enorme red de túneles, tesoros, estatuas y vestigios de una raza reptiliana de unos 1000 habitantes que había habitado en épocas remotas. A medida que la sonda descendía, una especie de onda magnética empezó a perturbarles, era una vibración insidiosa que les causaba pánico. Aún así, siguieron descendiendo hasta alcanzar los 360 metros de profundidad.
Llegaron a fotografiar 37 planchas doradas con inscripciones que ningún lingüista fue capaz de traducir. Finalmente, intervino el gobierno federal y clausuraron aquellas excavaciones, sin que jamás se volviese a saber más del asunto… ¿Qué encontró el gobierno americano bajo esas tierras para censurar aquellos hallazgos? ¿Acaso vestigios de una tecnología avanzada? ¿Es casualidad que sobre aquella metrópolis reptiliana el gobierno levantara las más poderosa e influyente industria del entretenimiento del mundo llamada Hollywood?

En la mitología china, aparecen dos personajes anteriores a la dinastía Xia, conocidos como “Nuwa y Fuxi”; dos divinidades consideradas “los padres del género humano”, que fundaron las principales instituciones culturales, sociales y económicas chinas.
“Nuwa y Fuxi” eran hermanos y esposos. Nuwa es considerada una “madre creadora” o Diosa de la fertilidad que ayuda al hombre a reproducirse tras una calamidad en la tierra. A su hermano Fuxi se le conoce como un Dios instructor que dotó al hombre el conocimiento de la escritura, la pesca, la caza, y reveló los ocho Trigramas del “I Ching”.
Nuwa y Fuxi son representados con cuerpo humano en su parte superior, pero a partir de su cintura, lucen unas largas colas de serpiente o dragón.

En sus manos sostienen una escuadra y un compás; máximo símbolo de la masonería, y que a su vez, viene a representar el conocimiento y el diseño genético del ser humano. El compás simboliza la creación del cielo, y la escuadra la creación de la tierra.
Veamos hasta qué punto, la mitología China de Nuwa y Fuxi guarda paralelismos con algunos Dioses sumerios;

-Nuwa y Fuxi son hermanos y amantes a la vez. Exactamente el mismo parentesco que unía a Enki y Ninhursag, y de quienes los textos sumerios aseguran que diseñaron genéticamente al hombre.

-Nuwa es hija del Dios celeste. En la versión sumeria, Ninhursag era hija de Anu; “Dios del Cielo”.

-Las colas enroscadas de Nuwa y Fuxi representan el mismo símbolo del caduceo de Enki, que a su vez, guarda relación con la cadena del ADN.

-Nuwa crea a la humanidad con arcilla. En la versión sumeria, Ninhursag hace exactamente lo mismo.

-Tanto la mitología china como la sumeria citan un diluvio universal.

-Fuxi enseñó al hombre a escribir. Enki fue el Dios de las artes y la escritura.

-La realeza china dice ser descendiente de estos dioses. En la versión sumeria se dice lo mismo.

Una vez más volvemos a toparnos con una cultura aparentemente sin nada que ver con el resto, pero que reúne los mismos patrones; Dioses creadores que engendran al hombre y le instruyen el conocimiento, pero a su vez, dictan las leyes para convertir al hombre en miembro de una sociedad dividida y esclava. Entonces uno se pregunta; ¿Hasta qué punto hablamos de culturas diferentes, cuando en la base, hablan todas de los mismos Dioses creadores, mostrando únicamente en sus costumbres un leve enfoque distintivo?
Todos estos paralelismos tendrían perfecta vigencia ante un tribunal de justicia, para señalar el móvil, el asesino, y el arma del delito, sin embargo, la comunidad científica oficial no sabe, no contesta…

Ni siquiera en Australia nos libramos de los Dioses reptil. Entre los nativos aborígenes se extiende desde siempre el mito de la creación, asociado a “La Serpiente Arco Iris” o “La Madre Serpiente”, una deidad que simboliza la fertilidad y la vida.
Según el pueblo “Gagudiu” del norte de Australia, dicha madre serpiente es conocida como “Almudi”; el ser creador de los seres vivos en la tierra que brilla en el cielo en las temporadas de lluvia en forma de Arco Iris. Ellos sostienen que aún vive bajo las entrañas de la tierra, al fondo de una cascada a la que llaman “Kakadu”.

En la mitología hindú es recurrente la descripción de unas extrañas criaturas llamadas “Nagas”; de naturaleza acuática y semi-divina, generalmente con torso o cabeza humana y cuerpo de serpiente, que habitaban en regiones cálidas, normalmente en ríos o cavernas subterráneas.
Existían varios tipos de “Nagas”, por lo general adoptaban un aspecto femenino muy atractivo, de comportamiento tranquilo y paciente, capaces de permanecer largo tiempo en estado aletargado. Medían entre 3 y 6 metros de largo.

La tradición hindú distingue hasta tres tipos básicos de “Nagas”;
-Naga Acuática: Ser que habita en aguas dulces. Piel escamosa verde-esmeralda, de ojos verdes y brillantes. De naturaleza inofensiva, por lo que suelen atacar solamente para defenderse.
-Naga Guardiana: Como su nombre indica, custodian sus guaridas, que suelen ser cavernas oscuras donde esconden sus tesoros. Con ojos y escamas doradas. Aunque mortales, se rigen por un noble código con respecto al intruso o enemigo, al cual suelen matar escupiendo veneno, por mordedura o constricción. Una vez acaban con la víctima, suelen enterrarla como muestra de respeto. A menudo suelen avisar antes de atacar al intruso.
-Naga Espíritu: La más letal de todas. Su aspecto es muy humano, lucen cabello y sus escamas son rojas y negras. Físicamente son débiles, pero poseen grandes poderes psíquicos y con su mirada pueden causar parálisis en los humanos para luego matarlos cruelmente.

En textos sagrados hindúes como el “Ramayana” se citan a unas criaturas fecundadas por los Dioses llamadas “Dravidianos” y “Dasyus”, que vivían en ciudades amuralladas y eran muy temidos por su feroz canibalismo. Su aspecto era tosco, de piel oscura y nariz chata.
Esto es lo que nos dice el “Ramayana”; “Cerca de Bhogavata está ubicado el lugar donde moraba la raza serpiente, una ciudad amplia, amurallada y con barras, donde legiones de vigías mantenían la guardia. El más feroz de los jóvenes serpiente, posee dientes envenenados y se sienta en su trono en su salón imperial. Es Vasuki quién gobierna a todos.”
En el “Mahabharata”, encontramos referencias de que a partir del 1500 A.C., los Dioses serpiente de la India se aparearon sexualmente con los reyes Arios, dando lugar a una estirpe de héroes y monarcas;
“Los dioses vinieron en carruajes sostenidos por nubes. Vinieron a ver la bella escena: Suparnas con alas, Nagas escamosos. Los brillantes carruajes celestiales navegaron sobre un cielo despejado.”
Los textos hindúes hacen claras alusiones a este extraño mestizaje entre serpentarios Nagas y hombres Arios, de hecho hay investigadores, como David Icke, que sostienen la posibilidad de una compatibilidad genética entre los Dioses reptilianos y los llamados “Aryans”; supuestos antiguos habitantes del planeta Marte, que presentarían un aspecto nórdico, casi albino.
Según esta teoría, la raza blanca aria se remontaría desde el periodo Post-diluviano, y habría sido un cruce genético entre los reptiles y estos arios marcianos efectuado en los Montes Cáucaso y las montañas de Irán y Kurdistán, para luego extenderse hacia Egipto, Israel, Siria, Jordania, y Turquía.
Hacia el 1550 A.C, algunos de estos Arios emigraron de los Montes Cáucaso hacia el Valle del Indo, en India, allí fundaron la religión Hindú y todas sus mitologías y leyendas, incluyendo el lenguaje en sánscrito de la India y los sagrados textos de los Vedas. Incluso el término “Hari Krishna” significa “Krishna Ario”.
Tanto fenicios como arios de la India veneraban a los reptiles “Nagas”, y los Vedas relataban como estos seres mitad humanos, mitad serpientes asistieron al nacimiento de Buda.
De hecho, los hititas, fenicios, y godos del Cercano y Medio Oriente eran arios procedentes de aquella región del Cáucaso. Y fueron los fenicios quienes fundaron los cimientos de la cultura británica, y del mito de San Jorge de Cappadocia surgió la leyenda de “San Jorge y el Dragón”.

Para algunos expertos, la lucha entre San Jorge y el Dragón, podría ser una representación de la pugna entre dos razas en conflicto desde hacía millones de años; la persecución de la que habrían sido víctimas estos “Aryans” de Marte por parte de los reptilianos, buscando estos, sus genes arios para perpetuar su especie, hibridándose conjuntamente.
¿Acaso Marte fue alguna vez un planeta habitado por una raza aria que fue conquistada por los reptilianos y sus planicies desérticas son todo lo que ha quedado de aquella antigua civilización tras una guerra?
¿Acaso los reptiles necesitaban el genoma ario por una cuestión de supervivencia y así perpetuar o mejorar su raza?
¿Qué clase de compatibilidad genética unía a ambas especies?
Como todos sabemos, cuando ciertas terminologías antiguas coinciden en una palabra en común, es indicio de que tras su origen pueda subyacer una fuente “madre”. El término “Aryan” se asemeja a “Aries”, un signo astrológico que está regido por Marte. (ARYAN – ARIO –ARIES= MARTE)
¿Casualidad?
En América del Norte, a la propia raza blanca se la denomina “Raza Caucásica”, en referencia a los Montes Cáucaso.

David Parcerisa