HITLER: EL MAGO NEGRO

Es fácil engañar al pueblo si se sabe cómo hacerlo. Tal y como decía Hitler, la memoria colectiva suele evaporarse con facilidad, lo que le hace un flaco favor al estado de alerta ante el resurgimiento de futuros líderes fascistas, y así, en una sociedad dividida entre tanto caos partidista y control mental-subliminal en los medios, del tipo “todo está bien tal y como está”, es difícil volver la vista atrás para recordar el registro de nuestra historia y evitar cometer nuevos errores.
Así decía Hitler; “Quizás la más grande y mejor lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”.
Una frase que adopta un gran significado, viniendo de un líder que logra engañar al pueblo alemán y enquistarse en el poder justamente cuando Alemania padecía una de las mayores crisis económicas de su historia. Y es que no podía ser de otra manera.
Es como meter a una rata en un laberinto, incendiando los recodos por los que no deseamos que pase, y acabe finalmente desembocando en el lugar previsto.
Esto es lo que suele haber detrás de la imagen del “mesias” que se presenta a rescatar a un pueblo, por medio de un despliegue de argucias, trampas, resortes, y un sinfín de campañas mediáticas amañadas y condimentadas para lavar el cerebro con el clásico truco de escindir el valor del individuo, para hacer prevalecer el valor de lo colectivo.
Es la atenuación del pensamiento individual hasta hacerlo desaparecer, condicionando la falsa certeza de que la mayoría lleva la razón. Una razón promovida por el poder para que la masa siga su ruta.
¿Y de qué razón hablamos? Pues de ninguna. No bajo los parámetros humanos, pues quienes gobiernan no son humanos como nosotros. Por lo tanto la razón que proliferan estos grupos de poder se reduce a cenizas ante cualquier intento por justificar sus barbaries. No hay razón, sino MANIPULACIÓN. Así decía Hitler;
“Cuando se inicia y desencadena una guerra lo que importa no es tener la razón, sino conseguir la victoria.”
Bundesarchiv, Bild 146-1990-048-29A / CC-BY-SA

No existe razón ni cordura en la mente de esta gente, solo motivación instintiva al servicio de una estrategia maléfica para dañar, coaccionar, mutilar, manipular, chantajear, perseguir, hostigar…
Esta motivación psicótica que rige el poder mundial, es la misma que seguían las entidades que poseían la mente de Hitler; “Logré comprender igualmente la importancia del terror físico para con el individuo y las masas”.
Empieza la frase diciendo “Logré comprender”, lo que significa que eso implicó un esfuerzo por su parte, para amoldarse a unos dictados externos a sí mismo.
Hitler no era un hombre enfermo como muchos creen a la luz de ciertos informes médicos que indicaban una paranoia aguda. Sino que se hallaba bajo un estado de posesión psíquica, con la que logró contagiar al pueblo alemán con su fervor y su locura.
Las masas enloquecían con sus discursos, viendo en él, un aura magnética que atrapaba a todo aquel que le escuchara, sin poder apartar la vista, como si una aparición sobrenatural les arrebatara la voluntad y la razón.
Tal y como describió el biógrafo Robert Payne;
“La ascensión de Hitler al poder supremo es uno de esos acontecimientos que no se pueden explicar de manera racional.”
Aquellos seres que lo controlaban eran los mismos que desde el principio de los tiempos, llevan controlando a la humanidad.
Entre las muchas facultades que poseía Enlil/Yahvé, estaba la capacidad de introducirse en la mente de los seres humanos para manipular su voluntad. Y más fácil era para él, poseer a los humanos de sangre real o descendientes de los Dioses, que en la antigüedad se habían mezclado sexualmente con las hembras terrestres. Estos hibridos, mitad humanos, mitad Anunnakis, (los “Bloodlines”) eran conocidos como los “Semidioses”, capaces de obrar grandes prodigios. Su particular genética “divina” les hacía de puente para enlazar con la densa vibración de estos seres.
En la biblia leemos como Yahvé podía manifestarse a través del Rey David, bajo un estado más próximo a la mediumnidad que a la simple inspiración;
“El espíritu de Yahvé ha hablado por medio de mí, y su palabra ha estado en mi lengua. El Dios de Israel ha dicho; me ha hablado la Roca de Israel: ‘El que gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna con el temor de Dios. (2-Samuel 23:1-3)
Lo mismo le sucedió a Hitler. Por eso consiguió, como decían las crónicas de la época, hipnotizar a toda una nación.
Pero no estamos hablando de suposiciones. Este no es un libro de conjeturas, sino de hechos documentados.
Si profundizamos un poco en la vida de este personaje, considerado un Mago Negro especialista en la invocación de demonios, descubriremos las claves para comprender hasta qué punto estuvo dirigido y controlado desde el principio, reforzando ya de adulto este influjo con la práctica de rituales de nigromancia.
Adolf Hitler nació el 20 de Abril de 1889 en una pequeña aldea llamada Braunau am Inn, en Alta Austria, bajo el imperio austrohúngaro. Circulan rumores de que otros altos cargos nazis habían nacido en la misma aldea que Hitler. Algo que nos resulta bastante significativo.
La pésima relación de Hitler con su padre fue un precedente para consolidar su personalidad fría y violenta, ya que soportaba serias palizas conteniendo aquella impotencia dentro de sí. Hitler no fue un niño que compartiera grandes amistades, pero sí hubo un amigo que le acompañó desde la infancia hasta casi el resto de su vida; este hombre se llamaba
August Kubizek. Cuando Hitler tenía 15 años, tras salir de una Ópera de Wagner, que versaba sobre el florecimiento y decadencia de un tribuno romano, este salió muy inspirado de la representación e inició un acalorado discurso sobre el futuro de Alemania, proclamando que recibiría un mandato divino que la liberaría de su esclavitud.
Kubizek atestiguó así, cómo se manifestaba aquel joven de 15 años;
“Hitler se puso frente a mí, agarró mis manos y las apretó con fuerza… Las palabras no salían con facilidad de su boca, como de costumbre, sino que surgían roncas y ásperas… Era como si otro ser, hablara desde su cuerpo y lo conmoviera tanto como me conmovía a mí. No era el caso de un orador arrebatado por sus propias palabras. Por el contrario, sentí que él mismo escuchaba atónito y emocionado lo que brotaba de su interior con una fuerza elemental…”
Kubizek fue testigo de cómo Hitler permaneció años estudiando ciencias ocultas, misticismo, orientalismo, astrología, hipnosis, y mitología germánica. Hitler pronto se hizo inseparable del doctor Jörg Lanz Von Liebenfels, un monje cirtercense fundador en 1907 de la “Orden de los Nuevos Templarios”. A su vez, este personaje también conocido como Adolf Lanz, publicaba una revista llamada “Ostara”, en la que hacía apología del misticismo racial y las teorías antisemitas.teozoologia

Ya en 1904 había escrito “Teozoología”, un ensayo sobre la necesidad de esterilizar a los enfermos o aquejados de demencias, para preservar la sagrada raza aria, a la que consideraba el germen de los “hombres-dioses” que deberían gobernar al mundo.
Lanz fundamentaba su filosofía racista dentro de un contexto bíblico, aduciendo que la creación divina original de Eva era pura, pero que tras mantener relación con un demonio, esto habría extendido por el mundo a las “razas inferiores”, como las indias, gitanas o negras. También prodigaba que las mujeres nórdicas sentían atracción hacia los hombres de piel oscura debido a ese “desliz” de la Eva original, y que solamente a través de un “desmestizaje racial”, los arios “puros” podrían erradicar, según sus palabras “a las bestias humanas de piel oscura”. Creía que esta era la voluntad de Dios para el hombre.
Y fue justamente esa ideología racial neognóstica, la que alimentó la mente del futuro Führer para envenenar la mente del pueblo e instaurar su particular Tercer Reich del terror.
Todo ello, por supuesto, envuelto en un ambiente de rituales mágicos e invocaciones a antiguos Dioses Arios. Hitler era un ferviente suscriptor de la revista “Ostara”. En una carta de Lanz a un colega, decía;
“Hitler es uno de nuestros discípulos… Algún día comprobará usted que él, y nosotros a través de él, triunfaremos y crearemos un movimiento que hará temblar al mundo”.
Las fuerzas que se desataban en su interior eran descritas como diabólicas y sobrehumanas. Hitler desconcertaba por sus cambios repentinos de ánimo. Era descrito por algunos como atento y cariñoso, culto y refinado, y erudito en arte y literatura, pero de pronto, estallaba presa de una furia incontenible. Sufría ataques en los que se derrumbaba contra el suelo, sacando espuma por la boca, y balbuceando extrañas palabras.
En el libro “Habla Hitler”, de su confidente Herman Rauschning, leemos;
“Hitler despierta por la noche, gritando y sufriendo convulsiones. Pide ayuda y parece semiparalizado. Es presa de un pánico que le hace temblar hasta el punto que la propia cama se agita. Emite sonidos confusos e ininteligibles, jadeando como si estuviera al borde de la sofocación…”
A menudo hablaba de extraños presagios, fruto de un “espíritu guía” que le avisaba de hechos futuros.
En una ocasión declaró lo siguiente; “Voy por donde la Providencia me dicta, con la seguridad de un sonámbulo.”
Hitler escapó de la muerte en varias ocasiones gracias a dichos presagios o augurios, tras sufrir hasta 42 tentativas de asesinato, siendo la más famosa la llamada “Operación Valquiria”, el 20 de Julio de 1944.
Hitler es descrito a menudo como un hombre rodeado de un aura oscura que enfermaba a muchos de los que trataron con él.
En 1943, el portavoz de Hitler, Joseph Goebbels, dejó escrito en su diario la insistencia del Führer en reunirse con el dictador Italiano Benito Mussolini. Este se resistía a verse en persona con Hitler, porque cada vez que viajaba a Alemania, terminaba enfermo y con depresión.
Así leemos del diario; “Poniendo hasta la última gota de energía nerviosa en el esfuerzo, Hitler logró volver a encaminar a Mussolini. En el curso de esos cuatro días, el Duce sufrió un cambio completo. Cuando bajó del tren, al llegar, el Führer pensó que parecía un anciano derrotado. Cuando se marchó, estaba de nuevo en buenas condiciones, listo para lo que viniera…”
Bundesarchiv, Bild 183-1987-0703-507 / unbekannt / CC-BY-SA 3.0
Karl Dönitz, comandante de la flota de submarinos nazis, sentía miedo cada vez que trataba de cerca con Hitler, aduciendo que procuraba verle lo menos posible, ya que su poder de sugestión perjudicaba su salud mental. Con miedo a enloquecer, Dönitz declaró; “No iba muy a menudo a su cuartel general, y lo hacía adrede, ya que tenía la sensación de que preservaría mejor mi capacidad de iniciativa, y también porque, tras varios días en el cuartel, siempre tenía la sensación de que debía librarme de su poder de sugestión… Sin duda, yo tenía más suerte que su estado mayor, constantemente expuesto a su poder y personalidad”.

El grado de sadismo del Führer era tal, que mató a disparos a su sobrina y amante Angela Raubal y luego hizo matar al hermano de esta. También fueron sonadas las ejecuciones que ordenó Hitler tras el atentado fallido contra él, el 20 de Julio de 1944; los oficiales fueron ahorcados con un lazo corredizo compuesto por una cuerda de piano, suspendidos también en un garfio de carnicería. La matanza fue filmada para su regocijo.
Y dicha película se proyectó en la sala de proyección personal del Führer para disfrutar del espectáculo, mientras el portavoz nazi, Goebbels, se tapaba el rostro con las manos presa del horror.
El propio Hitler vivía aterrorizado ante las fuerzas que le controlaban, en una ocasión, dijo haber visto al hombre del futuro, declarando;
“Yo he visto al hombre nuevo. ¡Es intrépido y cruel! ¡He sen¬tido miedo delante de él!”