Para Sitchin, los Anunnaki eran extraterrestres que habían venido a la tierra en busca de oro para reparar la débil atmósfera de su planeta Nibiru, esparciendo en su estratosfera partículas en polvo para crear un escudo repelente de los rayos cósmicos que les afectaban. En este punto, otros investigadores difieren, como el investigador Dan Winter, quien asegura que estos Dioses ingerían ciertas dosis de oro destilado para prolongar su longevidad. Lo consumían mezclado con harina de trigo, hasta amasarlo en un panecillo.
Pero Dan Winter nos habla de que también lo distribuían a nivel ritualístico a través de lo que en la biblia se denomina “maná”, y el catolicismo adoptó luego como la “Hostia Consagrada de la Eucaristía”.
Diseminaban el “polvo blanco” u oro mono-atómico y al ingerirlo, según Winter; “Les generaba el curioso efecto de que sus ojos se volvían de un azul brillante y todas sus dolencias físicas desaparecían. Esta era verdaderamente una sustancia que permitía la inmortalidad.”
Debido a que ese “polvo blanco” contenía cobre, Dan Winter afirma que los altos niveles de cobre en la sangre de los Anunnaki podrían generar un efecto lumínico en base a una compleja reacción de partículas ionizantes.
Resulta escalofriante comprobar hasta qué punto, los “Hijos de los Dioses” reunían esas características lumínicas del oro mono-atómico. Muy llamativa resulta la descripción que se hace de Ziusudra/Noé, hijo del Dios Enki, en el momento de su nacimiento.
Ante la sorpresa de los presentes, todos sospechan que es hijo de los Dioses, porque el color de su cuerpo es blanco en algunas partes y rojo en otras, y cuando abrió los ojos; “iluminó toda la casa como el sol y toda la casa estaba resplandeciente”. Después del nacimiento de Ziusudra, Lamec corrió hacia su padre y le dijo:
“He engendrado a un extraño hijo, distinto y diferente del hombre y parecido a los hijos de los dioses de los cielos y su naturaleza es diferente y no es como nosotros… Y me parece que no ha nacido de mí, sino de los ángeles.”
Otro ejemplo es Abraham, el patriarca de los judíos y los árabes, así es descrito su nacimiento; “Amitlai, quién sabía que le iba a llegar su hora, fue a través del desierto a una cueva situada junto al río Éufrates. Allí comenzó a sentir los dolores del parto y dio a luz a Abraham, el resplandor de cuyo rostro iluminó la cueva de un extremo a otro”
Entre las muchas propiedades del oro, destaca su capacidad térmica para bloquear y reflectar en un 90% la emisión calorífica.
¿Es biológicamente posible que dichas propiedades sean asimiladas en el organismo humano para dotarlo de un poder ignífugo (Invulnerable al fuego)?
En las leyendas hebreas se relata cómo Abraham es encarcelado por el primer gobernador y fundador de Babilonia, Nemrod. Este condena a Abraham y a su hermano Harán a ser quemados en un horno.
Cuando son arrojados al fuego, las llamas salen dirigidas contra los verdugos, abrasando a los soldados. Tampoco Harán sobrevive al fuego, mientras que Abraham sale del horno indemne y sólo las cuerdas que le amarraban se queman.
Pero Nemrod planea un segundo intento, esta vez pide a sus hombres que mantengan una distancia prudencial respecto al horno para no ser alcanzados. Con una catapulta, arrojan a Abraham hacia las llamas, pero estas se consumen y los leños florecen y ofrecen sus frutos mientras Abraham pasea por el horno convertido en vergel. En vista de este milagro, Nemrod libera a Abraham, convencido de su divinidad.
En Daniel 3: 19-30, se relata cómo durante el exilio de los israelitas en Babilonia, tres jóvenes que se niegan a adorar una estatua de oro, son condenados a ser quemados vivos por el Rey Nabucodonosor; “Entonces ordenó que se calentara el horno siete veces más de lo acostumbrado; luego mandó que algunos de los soldados más fuertes de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-negó, y que los arrojaran a las llamas del horno.” Pero cuando los soldados echan a los chicos al horno, una llamarada sale despedida, quemando a los verdugos. El Rey, asombrado, pregunta;
“—¿No arrojamos al fuego a tres hombres atados?
—Así es —le respondieron.
—Pues yo veo cuatro hombres desatados, que caminan en medio del fuego sin que les pase nada, y el cuarto hombre tiene el aspecto de un ángel.
Los tres salieron de entre las llamas, y todas las autoridades de la nación allí presentes se acercaron a aquellos hombres, cuyos cuerpos no habían sido tocoroados por el fuego, y comprobaron que ni un pelo de la cabeza se les había chamuscado ni sus vestidos se habían estropeado, y que ni siquiera olían a quemado.”

La obra “Fiery Furnace” del pintor Toros Roslin, de 1266, representando a los tres hebreos ignífugos en el horno en llamas.

Más curioso si cabe, es el episodio de Gilgamesh, Rey de Uruk, cuando alcanza el Monte Mashu, para penetrar en Tilmun, la morada de los Dioses, en busca de la inmortalidad. En los textos se describe como el lugar está custodiado por seres que sujetan los llamados “Focos Pavorosos”, unos extraños objetos circulares apoyados por un poste, que parecen despedir un deslumbrante rayo desintegrador.
Lo que aquí se cita, parece un arma capaz de proyectar un calor extremo, más propio de una base militar del siglo XXI.
“Hombres-Cohete custodian su puerta, su terror es impresionante, su mirada mortal. Sus focos pavorosos barren las montañas. Ellos custodian a Shamash, mientras él asciende y desciende”.
Entonces, el héroe Gilgamesh, cruzó sin dudarlo el perímetro, y los “hombres-cohete” lanzaron un rayo contra él. Sorprendidos, comprobaron que el arma no le había afectado. Tan solo había sufrido un destello en los ojos, del cual se recuperó en segundos y siguió avanzando. Entonces, uno de los guardias exclamó; “El que viene, de la carne de los Dioses es su cuerpo”.
Efectivamente, así era. En los textos se nos cuenta que Gilgamesh descendiente del Dios Utu, llamado Shamash en acadio, “Dios del Sol y la Justicia”, y su madre era la Diosa Ninsun. Por lo tanto, Gilgamesh “era dos tercios divino y un tercio humano”.
¿Acaso era esa la razón por la que resultó invulnerable a los rayos abrasadores, al igual que el híbrido Abraham resultó igual de ignífugo a las llamas del horno en manos de Nemrod?
¿Contenía la sangre de Gilgamesh esa porción de oro mono-atómico capaz de repeler el calor?Gilgamesh y enkidu 2

Otra característica clásica de un “hijo de los Dioses” es una fuerza sobrehumana. Y eso es precisamente lo que le distinguía a Gilgamesh por encima del resto del común de los humanos. Fue capaz de resistir los golpes y ataques de un simiesco hombre-bestia llamado Enkidu (“Una Criatura de Enki”) diseñada genéticamente para enfrentarse al Rey y humillarle ante su pueblo. Tras un duro forcejeo, en el que cualquier humano no habría resistido las embestidas de la bestia, Gilgamesh perdió y asumió la derrota, pero sin sufrir graves heridas…
Otro coloso fue Sansón, nacido de una madre estéril, quién recibió la visita de un ángel anunciándole lo siguiente; “Eres estéril y sin hijos, pero vas a concebir y parirás un hijo. No bebas vino ni licor alguno embriagante ni comas nada inmundo. El niño librará a Israel de la mano de los Filisteos.”samson

Sansón fue fruto de una manipulación genética que le dotó de una fortaleza física, según el Libro de los Jueces, que le permitió realizar proezas tales como acabar con un millar de hombres a golpes de una quijada de burro, matar a leones con sus manos, o la más popular de todas y que le condujo a su propia muerte; derribar un edificio con la fuerza de sus brazos, llegando a matar a 3.000 filisteos.

Tanto a Yahvé como a sus “Ángeles”, siempre se le representa envueltos en un aura lumínica, una característica que parecen heredar también sus descendientes híbrido-humanos.yahveDAVID PARCERISA