¿Es posible que todo esté relacionado con un programa de control que se remonta desde el principio de la historia de la humanidad?
¿Quiénes son realmente los “grises” y porque parecen clones? ¿Existe un nexo entre estos seres y los Anunnaki originales?
Nuestra impresión personal, tras unos 25 años de investigación, es que estos pequeños “robots biológicos” son efectivamente criaturas fabricadas en laboratorio, clonadas de un conjunto de especies desconocidas, y que reúnen todas ellas un denominador común; un macro-cerebro diseñado específicamente para ejercer trabajos de rastreo y almacenaje de datos. Los “grises” probablemente han sido creados por los propios Anunnaki como lacayos o sirvientes, programados para realizar abducciones y así recopilar material biológico humano para la experimentación genética. Y lo que se oculta detrás de las abducciones no es otra cosa que el intento por crear una nueva raza híbrida, entre humanos y otras especies desconocidas.
Probablemente el intento de sustituir a la raza humana tal y como la conocemos.
¿Pero para qué querrían hacer eso? ¿Para hacer de la raza humana un rebaño de autómatas aún más aborregados de lo que ya estamos?
¿Acaso el ansia de estos seres por someternos y controlarnos no conoce límites? ¿Hacia donde quieren llevarnos?
¿Acaso no les basta con proveerse de nuestra genética, sino que además nos sustraen parte de nuestra alma?alma1
Solo un hecho aparece claro en todo este entramado; los seres regresivos han estado y están actualmente bien arraigados en nuestra civilización.
No hay que preguntarse a estas alturas si contactaremos con extraterrestres, porque los “malos” ya han estado aquí desde siempre.
Como ya apuntaba en 1919 el buscador de misterios Charles Fort, en “El Libro de los Condenados”; “Yo pienso que nosotros somos propiedad. Yo debo decir que nosotros pertenecemos a algo: Que alguna vez, en un tiempo, esta tierra era Tierra de Nadie, que otros mundos exploraron y colonizaron aquí, y lucharon entre ellos por su posesión, pero que ahora es poseída por algo: Que algo posee esta Tierra— todos los demás están advertidos fuera de ella. “
Fort nos decía con esto, que la tierra está en cuarentena, y no puede establecer contacto con civilizaciones espiritualmente evolucionadas, si no es capaz de rebelarse por sí misma.
Interesante conclusión viniendo de un hombre de principios del siglo XX, que ya perfilaba proféticamente, el engranaje de una manipulación que sigue en funcionamiento, sin que nadie por ahora, sepa como desactivar.
La libertad está en manos del ser humano, a través de aceptar el compromiso de la responsabilidad consciente de sus deberes y obligaciones morales por resolver esta forma de “esclavitud aceptada”.
Esperar que “otros” vengan a resolvernos el problema, sería como “sacarnos las castañas del fuego”. No es de este modo como una civilización da el salto de la adolescencia hacia el estado adulto.
Además, según dicen algunos contactados (y esto tiene mucho sentido), que vinieran a “salvarnos” sería una total violación del libre albedrio.
No se puede concebir que la salvación dependa de algo externo, cuando está en nuestras manos el resolver un conflicto que nosotros mismos creamos en el momento en que decidimos ceder nuestras obligaciones a una oligarquía corrupta.
“Nos han engañado”, es un tópico que funciona muy bien para no rasgarnos las vestiduras. ¿No será que nos hemos dejado engañar?
¿Pudimos en un momento dado de la historia decir “basta”?
¿O de lo contrario, no hemos tenido ni una sola oportunidad para verle las fauces al gran dragón?
¿Es esclavo aquel que ha sido sometido a la fuerza, o aquel que ha permitido por el miedo, dejarse someter?
Esclavitud voluntaria o involuntaria, una cosa está clara… el universo ofrece oportunidades, porque todo se halla en constante movimiento, y el mundo en el que vivimos, no está exento de esta ley universal.
El movimiento es lo opuesto a la esclavitud y a la pasividad, a la aceptación y a la sumisión.
¿Nos movemos?
Aunque sea desde un plano mental/emocional, si lo hacemos y buscamos soluciones, provocaremos reacciones a largo plazo en un efecto dominó colectivo.
Y eso no lo digo yo.
Lo sostienen científicos y precursores en el campo de la consciencia, como el bioquímico británico Rupert Sheldrake, conocido por su teoría de los campos Mórficos. Según la cual; “Morfo viene de la palabra griega morphe, que significa forma. Los campos mórficos son campos de forma;
patrones o estructuras de orden. Estos campos organizan no solo los campos de organismos vivos sino también de cristales y moléculas. Cada tipo de molécula, cada proteína por ejemplo, tiene su propio campo mórfico -un campo de hemoglobina, un campo de insulina, etc. De igual manera cada tipo de cristal, cada tipo de organismo, cada tipo de instinto o patrón de comportamiento tiene su campo mórfico. Estos campos son los que ordenan la naturaleza. Hay muchos tipos de campos porque hay muchos tipos de cosas y patrones en la naturaleza…”
Otros científicos se suman a esta teoría, esbozando lo que se vendría a llamar “la Masa Crítica”, que es la posibilidad de que ciertos resortes de la consciencia colectiva se activaran por un efecto acumulativo de ideas y conceptos procedentes de un grupo cada vez mayor de personas que los crean y los refuerzan en su devenir cotidiano. A mayor cantidad de mentes sosteniendo esos conceptos, mayor la posibilidad de un “efecto contagio”.
Hay quien cree que si la humanidad alcanzara un determinado número de seres humanos sosteniendo conceptos de elevada espiritualidad y armonía, la humanidad entera los acabaría asimilando y por ende, despertaría a ese “otro lado”, a esa realidad del espíritu, que la ciencia mecanicista tanto tiempo y esfuerzo ha invertido por ocultarnos.
¿Se trata de solo una teoría?
No importa. De nosotros depende que se haga realidad.
Al final solo importa la voluntad humana. Y por encima de ella, está la capacidad divina de la visualización creativa. Máximo don con el que hemos sido premiados por el universo, y por el que seguimos siendo envidiados por muchos seres foráneos.

DAVID PARCERISA.